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Parte 1: Relocalización industrial. Orígenes y oportunidades

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El debate de la deslocalización industrial, relocalización  y reindustrialización está sobre la mesa. La reciente pandemia de COVID 19, la transformación digital y la necesidad de luchar contra el cambio climático favorecen una nueva industrialización basada en un modelo más sostenible, digital e innovador. Es esto justamente lo que la Comisión Europea proponía al Parlamento Europeo y a los estados miembros ya en la lejana fecha de enero de 2014.

En este artículo se repasan las causas que provocaron la deslocalización para poder entender este fenómeno, los motivos que facilitan ahora el movimiento inverso de relocalización y las palancas que pueden impulsar el crecimiento del sector industrial español.

 

Tabla de contenidos

Glosario de términos y acrónimos

Offshoring:                        Deslocalización

Reshoring:                         Relocalización

Smart factory:                  Fábrica inteligente

Tigres asiáticos:                Corea del Sur, Honk Kong, Singapur y Taiwán

BRICS:                                 Emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)

UE:                                      Unión Europea

OMC:                                  Organización Mundial del Comercio

UNCTAD:                           Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo

UE4:                                    Ampliación de la UE a partir de 2005. Grupo de Visegrád

TIC:                                     Tecnologías de la información y comunicaciones

Industria 4.0:                    Cuarta revolución industrial 

PIB:                                     Producto interior bruto

IDE:                                     Inversión directa extranjera

Para ponernos en situación primero debemos entender la importancia de la industria para la economía nacional. La cifra de negocios de la industria española reflejada por el Instituto Nacional de Estadística  en el año 2019 ascendió a 681.318 millones de euros en 2019, con un crecimiento del 1,6% respecto al año anterior. Sin embargo, la distribución dentro del territorio no es homogénea y hay cuatro comunidades claramente destacadas: Cataluña con un 22%, Andalucía con un 12%, Madrid con un 10,7% y la Comunidad Valenciana con el 10% del total de las ventas.

nivel de empleo esto supone un 14% del total sin tener en cuenta el “efecto arrastre”: Un empleo en industria soporta entre 0,5 y 2 empleos en el resto de sectores productivos. 

Además, las compañías industriales tienen un personal más cualificado y estable con unas remuneraciones un 16% superiores a la media. Estas mejores condiciones laborales no van en detrimento de la competitividad empresarial, sino que la productividad laboral es un 42% más alta en el sector industrial que en el conjunto de la economía.

La capacidad manufacturera también tiene importancia en la capacidad exportadora del país, generando un impacto positivo sobre la balanza comercial, ya que un 33% de las ventas se destinan al exterior (un 22% a la UE y un 11% fuera de la UE).

Desgraciadamente la industria sigue perdiendo peso en la economía española y ya solo representa el 16,3% del Valor Agregado Bruto (principal componente del PIB) en el año 2020, frente al 20,7% que suponía en el año 2000 o las cifras cercanas al 40% de los años 70, alejándose así del objetivo marcado por la Comisión Europea en 2014 de que el sector industrial supusiese el 20% del PIB en 2020.

 

Por lo tanto, no solo no se ha alcanzado este objetivo, sino que el retroceso provoca la sensación de que una vez más se ha dejado pasar otro tren. Aun así, hay que poner en contexto esta situación ya que este continuo decrecimiento es típico de economías maduras que van lentamente aumentando el peso del sector servicios en detrimento del resto, junto a la realidad de la pandemia que ha afectado al sector industrial y aún no ha recuperado los niveles prepandemia.

Si bien la tendencia natural es cierta, existen claras oportunidades para una reindustrialización tanto a nivel europeo y como español.

La deslocalización industrial

En las últimas décadas los países occidentales hemos vivido un fuerte proceso de deslocalización, entendiéndose este como aquel por el que una empresa situada en un país cualquiera toma la decisión de abandonar su actividad parcial o totalmente para producirla en países distintos.

La primera deslocalización se produjo a finales de la década de los 80 a los denominados “tigres asiáticos” por su rápido desarrollo industrial. Las siguientes oleadas fueron las sucesivas ampliaciones de la UE con la incorporación de los países del Este de Europa y la aparición en escena de los emergentes con China como principal referente.

A nivel global, por su importancia económica, geopolítica y de coordinación, estos países emergentes fueron los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), pero en el caso particular de la Unión Europea habría que considerar los países de la ampliación a partir de 2005 (principalmente el Grupo de Visegrád: Hungría, República Checa, Polonia y Eslovaquia) y, en el caso de España, a Iberoamérica.

La causa principal era la búsqueda de competitividad a través de menores costes (salarios y materias primas) y la cercanía a esos mercados emergentes. Pero ha habido también ciertos factores que han favorecido este fenómeno como son el avance de la integración económica internacional gracias a la reducción de barreras comerciales, la liberalización de los mercados interiores y el desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).

Este fenómeno de deslocalización industrial llegó a abrir un intenso debate en todo el mundo occidental precisamente por las consecuencias directas en el aumento del desempleo. De hecho, aún hoy el término globalización tiene connotaciones negativas para nuestra población al asociarse a la pérdida de empleos.

La deslocalización en España

El caso español tiene ciertas diferencias respecto al del resto de países europeos. En primer lugar, la mayor parte de las empresas (84%) tienen menos de 10 ocupados, cifra muy inferior a la media europea. Las empresas con más de 250 empleados concentran el 39% de la ocupación y el 62% de la cifra de negocios. Y en su mayoría son multinacionales (EMN) de capital extranjero que, como veremos más adelante, han sido más proclives a deslocalizar. Y no sólo eso, sino que además son las que representan las manufacturas avanzadas que es donde se ha centrado principalmente la pérdida de empleo frente a las empresas tradicionales e intermedias que son las que forman el tejido industrial español.

Existen muchos estudios que relacionan los flujos de inversión directa extranjera (IDE) con la deslocalización. Si observamos los datos de nuestro país, existe un gran auge desde 1985 que obedece a un cambio estructural global ligado a la liberalización de los mercados, que generó una creciente rivalidad entre las empresas, así como el desarrollo de las economías emergentes y las facilidades para una mayor fragmentación de la producción proporcionadas por las TIC

Aunque su destino prioritario sigue siendo los países desarrollados como se aprecia en el gráfico siguiente, gradualmente se ha ido dirigiendo hacia las zonas menos desarrolladas, donde se acumula ya casi la mitad del stock mundial de IDE

Esta posición de las economías emergentes como receptoras de inversión va acompañada de un veloz ascenso de sus exportaciones manufactureras.

Flujos de inversión directa extranjera recibida, 1980-2006 (miles de millones de dólares)

Evolución de la IDE recibida por España en manufacturas, 1993-2006 (miles de millones de euros de 2000)
Fuente: Datos de UNCTAD 2007 elaborados por “Globalización y deslocalización. Importancia y efectos para la industria española”.

Desde la incorporación a la UE, se han producido dos etapas diferentes. Entre 1986 y 1996, España fue receptora neta de capital y es a partir de 1997 cuando se convierte en exportadora. Si bien estos flujos de capital, principalmente a la UE y países iberoamericanos, se destinan fundamentalmente al sector servicios, es el sector industrial el que sufre más los efectos sobre el volumen de empleo.

Deslocalización de empresas industriales en España, 1990-2007 (número de operaciones)

Deslocalizacion de empresas industriales en España, 1990-2007 (numero de operaciones)
Fuente: datos de la base de datos del Grupo de Investigación sobre Capital Extranjero, Localización y Deslocalización de la UCM.

Se observa en la tabla anterior cómo se produce una primera oleada de deslocalizaciones en la primera mitad de la década de los noventa como consecuencia de la incorporación a la Unión Europea y es la segunda oleada, hacia los países emergentes, la que ha centrado la atención por su volumen de operaciones y gran efecto mediático.

Como era de esperar, la mayor parte de las deslocalizaciones (41%) se ha llevado a cabo en Cataluña, que es el mayor polo industrial español.

Deslocalización de empresas en España, 2000-2005 (porcentaje de empleo destruido sobre el existente en el año 2000)

Imagen4

Vemos en la tabla anterior que el efecto ha sido mucho más acusado sobre las manufacturas avanzadas donde la presencia de filiales de las empresas multinacionales (EMN) es más marcada. Esto también dificulta que alguna vez se pueda contar con una industria potente española de alta tecnología. 

Del total de empleos perdidos por las deslocalizaciones, el 84% se ha dado en las EMN extranjeras (84%) lo que pone de manifiesto la dependencia del tejido industrial español y su ocupación de estas corporaciones.

Deslocalización de empresas en España, 2000-2005 (porcentaje de empleo destruido sobre el existente en el año 2000)

Evolución de la IDE recibida por España en manufacturas, 1993-2006 (miles de millones de euros de 2000)
Fuente: “Globalización y deslocalización. Importancia y efectos para la industria española”.

Resta un comentario sobre los flujos de inversiones y es que, aunque el panorama no es alentador de cara al futuro puesto que la propia madurez del sistema productivo ha ido reduciendo las oportunidades de negocio, es cierto que este perfil no difiere mucho del de otros países comunitarios donde la IDE de manufacturas ha ido perdiendo posiciones respecto a los servicios.

De otra parte, la IDE española en el extranjero ha crecido notablemente de lo que se deduce que las empresas supervivientes parecen haber asumido una creciente internacionalización.

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